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Navidad en Medellín: la alborada, las novenas y las costumbres paisas de diciembre

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Diciembre es el mes más feliz que tiene esta ciudad. Lo digo sin exagerar: hay música por todo lado, todos los días, y todos los días hay una excusa para reunirse con la familia, para sonreír y para pasarla bueno.

Si vienes a Medellín en diciembre buscando los alumbrados, los vas a encontrar y te van a encantar. Pero lo que de verdad hace distinto a este mes no está en el río ni en los parques oficiales: está en las cuadras, en los balcones, en las cocinas y en las calles cerradas donde los vecinos sacan las ollas. Eso es lo que te quiero contar aquí.

Todo empieza el 30 de noviembre por la noche

La Navidad paisa no arranca con un calendario. Arranca con una noche.

El 30 de noviembre la gente se va quedando en la calle. Salen a los balcones, se arma la parranda, aparecen los tragos, el chicharrón, el sancocho, los buñuelos, la natilla. Todo se hace afuera, en la cuadra, entre vecinos. Y a las doce en punto, cuando entra el primero de diciembre, la ciudad entera revienta en pólvora, globos y juegos artificiales.

Eso es la alborada. No hay un escenario, ni un organizador, ni una entrada. Es la ciudad completa, al mismo tiempo, recibiendo diciembre.

Y no es solo Medellín. La costumbre se vive en toda el área metropolitana: Bello, Itagüí, Sabaneta, La Estrella, Envigado, Girardota, Copacabana. Esa noche todos los cerros del valle se encienden a la vez.

De dónde viene la alborada

La tradición es reciente y tiene un origen concreto: 2003, en el contexto de la desmovilización de los bloques paramilitares en la ciudad. La pólvora de aquella noche coincidió con la llegada de diciembre, y con los años la fecha se quedó.

Desde entonces Medellín cambió de una forma que cuesta explicarle a alguien que no la vio antes. La alborada dejó de ser lo que fue en su momento y hoy es de los barrios y de las familias: la noche en que la ciudad se avisa a sí misma que ya llegó diciembre. Te lo cuento porque es parte de la historia y porque prefiero que lo sepas por mí.

La pólvora y las mascotas: la parte que no sale en las postales

No todo el mundo está de acuerdo con la alborada, y hay que decirlo.

El reclamo más fuerte es por las mascotas. Medellín es una ciudad muy verde y aquí la gente tiene animales por todas partes; para muchísimas familias el perro no es una mascota, es un familiar más. Y la pólvora del primero de diciembre los afecta muchísimo. Esa noche hay miles de casas encerradas, con música puesta para tapar el ruido, cuidando a un animal asustado.

Es una conversación que la ciudad tiene cada año y que todavía no está resuelta. Si vienes con tu mascota, tenlo en cuenta.

Y una cosa más, que la digo como local y no como folleto: la pólvora se ve y se escucha, no se manipula. Aquí todos los diciembres hay quemados, y muchos son niños. Disfrútala desde el balcón, desde la calle, desde donde estés. Eso ya es suficiente espectáculo.

El 7 y el 8 de diciembre: la noche de las velitas

Si la alborada es ruido, el día de las velitas es lo contrario: es la noche más familiar y más mágica del año.

Es el día de la Virgen, y funciona así. Se limpia bien la cuadra durante el día. Se cierra la calle, que queda peatonal y llena de niños jugando. Y cuando cae la noche, hacia las siete u ocho, cada familia empieza a prender sus velitas dentro de faroles, una por una, hasta que la cuadra entera queda alumbrada desde el piso.

Calle de barrio cerrada la noche de las velitas en Medellín, con faroles de colores encendidos sobre el asfalto y la ladera de la ciudad iluminada al fondo

📸 Una cuadra de Medellín la noche del día de las velitas.

Cada vela es un deseo. Eso es lo que uno aprende de niño: se prende una velita y se pide algo. Y la noche se pasa así, entre faroles, globos, vecinos, y el asador prendido en plena calle, porque también es noche de marranada, de sacar la leña y hacer el asado delante de todo el mundo.

Desde temprano ves a la gente comprando velas como si fuera Nochebuena. Y como el 8 de diciembre es festivo nacional, día de la Inmaculada Concepción, la fiesta del 7 se estira hasta tarde sin que nadie mire el reloj. Mucha gente prende velitas también la noche del 8.

Las novenas: del 16 al 24, de casa en casa

Las novenas son lo más colombiano y lo más paisa que hay.

Medellín es una ciudad muy católica, y del 16 al 24 de diciembre se reza la novena esperando la llegada del Niño Jesús. Pero decirlo así se queda corto, porque una novena es sobre todo una reunión.

Funciona por turnos: hoy la hace una familia, mañana otra, pasado mañana otra, y así los nueve días. En los conjuntos residenciales la administración reúne a los niños y a los vecinos y la hacen todos juntos. En los barrios se hacen por cuadra. También hay novenas comunitarias grandes en sectores y parques, como El Tesoro, Santa Fe, Envigado, la Mayorista o Parques del Río, y en los parques principales de cada municipio, y en los pueblos de los alrededores, como El Retiro, San Vicente, Marinilla, Guatapé o Santa Fe de Antioquia.

Pero la novena de verdad es la de la casa. Se comparten buñuelos, empanadas y natilla. Los niños cantan los villancicos con panderetas, tambores y guitarras, y no se quedan quietos. Y el 24, el último día, cada niño recibe su regalo, después de nueve noches esperándolo.

Por qué esto se siente distinto aquí

Medellín tiene una cosa que no todas las ciudades tienen: la gente se conoce.

Los barrios están pegados unos con otros, las calles son de todo el mundo, y el vecino conoce al del primer piso, al de al lado y al de la cuadra siguiente. Ese calor humano existe todo el año, pero en diciembre se nota más, porque es cuando todos se reúnen.

Por eso, si recorres la ciudad una noche de diciembre, vas a ver algo curioso: hay barrios enteros iluminados que no tienen nada que ver con los alumbrados oficiales. Son las casas y los balcones de las familias. Esa es, para mí, la verdadera luz de diciembre en Medellín.

El 24, el 25 y el sancocho en la calle

El 24 es Nochebuena, con su cena y su reunión, y probablemente se parezca bastante a lo que se hace en tu país.

El 25 es otra cosa. El 25 es cuando Medellín hace algo que no vas a ver en muchos lugares: el sancocho en la calle.

El sancocho es una sopa con carne de res, cerdo o pollo, papa, plátano y a veces mazorca. Y el 25 se hace a leña, en plena vía pública. Ollas grandes, fogones armados en el andén, la cuadra entera comiendo del mismo sancocho. Técnicamente eso no se puede hacer, pero el 25 no hay prohibición que valga para nadie.

Las calles quedan solas de carros y llenas de gente. Los niños juegan afuera, el que toma se toma sus tragos, y la ciudad amanece de otra manera. El 1 de enero se repite exactamente igual.

Fin de año

Del 16 al 31 el comercio se llena, porque aquí la gente busca el estrene: la ropa nueva para recibir el año. Y el 31 se celebra de una forma espectacular, con la familia, con la cuadra, y otra vez con la calle como protagonista.

Dónde se vive de verdad

Si quieres ver esto como es, mi recomendación es clara: búscalo en un barrio, no en una zona de centros comerciales.

Las tradiciones se viven mucho más fuerte en barrios populares y tradicionales, como Manrique, Aranjuez, Campo Valdés, el barrio Antioquia o cualquier cuadra de Bello, que en los sectores más turísticos. Ahí es donde se cierra la calle, donde se prenden los faroles, donde suena la pandereta.

Ahora, seamos prácticos: llegar solo a un barrio que no conoces, de noche y en diciembre, no es la mejor idea, y no por miedo, sino porque no vas a saber ni dónde es la novena ni a qué hora empieza ni en qué cuadra están las velitas. Estas cosas no se anuncian en ninguna parte. Se saben porque alguien de aquí te lleva.

¿Y los alumbrados?

Los alumbrados son el otro gran capítulo de diciembre en Medellín, y merecen su propio espacio.

Si quieres las fechas, los lugares y las recomendaciones de esta temporada, están en nuestra guía: Alumbrados Navideños de Medellín: la guía completa.

Y si quieres recorrerlos de una forma distinta, sin perder la noche buscando parqueadero, te contamos cómo aquí: Cómo ver los alumbrados de Medellín de una forma diferente.

Vivir el diciembre paisa donde de verdad pasa

En MOVE trabajamos domingos, festivos, el 24 y el 25 de diciembre. No es un dato menor: significa que en las fechas en que la ciudad se pone más bonita, seguimos rodando.

Y como nuestros recorridos pasan por los barrios, y muchos son de noche, te vas a topar con esto de verdad: una cuadra en plena novena, una casa decorada desde hace veinte años, un balcón con faroles, el olor de un asado en la calle. Cosas que desde un carro pasan por la ventana y ya.

No te vamos a prometer que vas a caer justo en una novena, porque eso no se programa. Lo que sí te podemos decir es que vas a estar en los sitios donde pasa, con alguien de aquí al lado explicándote qué estás viendo.

Escríbenos por WhatsApp y te contamos qué se puede vivir en las fechas de tu viaje.

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